Hola, yo me llamo Mar. Sí... este comienzo engancha mogollón ¿no? Ya. Es que ¿saben qué pasa? Que hoy es mi primera actuación y no sé realmente cómo me he dejado convencer para venir a este infierno soviético. Sí, no se ofendan -madre mía qué manera de meterme al público en el bolsillo, tengo más don de gentes que Montilla, el presi de la Generalitat con esa cara de potaje sin chorizo... - pero es que para mí esto está siendo un infierno infernal... -Y ahora, encima, si hay algún catalán, lo voy a poner en mi contra, me va a boicotear el show, no se va a reír aquí ni dios... madre mía-.
Todo el mundo dando por culo, perdón, sí, me decían, me decían: “Vete a eso de los monólogos que tú eres más graciosa que Pepe el Sonrisas, que sí mujer, anímate...! Y yo, que no tengo personalidad, pues... me dejé liar y aquí estoy, que me suda hasta la goma de las bragas... ¡Por la virgen del santo clavo, qué calores!
¿No se puede bajar la calefacción? O irse unos poquitos de aquí y así se queda esto más sueltecito... Uy, el dueño del cotarro me acaba de lanzar una mirada como un shuriken ninja que se me ha clavado aquí en la frente... Pues nada, a quedarse todos aquí juntitos y si hace calor, a pedir cervecicas, que no se puede estar chupando del frasco con un culín toda la noche, que ya ni te lo bebes del asco que te da, pero aparentas que no quieres más porque COMO TE QUEDA.... ¿Que es sólo un centilitro de cerveza? Ya, pero COMO TE QUEDA...
Llamarles ratillas tampoco me conviene ¿no? Me lo temía... ¿Y saben qué más me pasa? Pues que todos aquellos del: “Vete a los monólogos” están más desaparecidos que el Míster Proper en las Barranquillas... Casualmente todos tenían plan: mis amigos son todos una panda de desgraciados asociales pero hoy, TODOS tenían plan. No ha venido nadie.
Ahora, la que sí ha venido es mi madre. Ah, ¿que he mirado a un señor con bigote? Bueno, como metáfora vale, joder, que esto es ficción... Pues eso, ella, que me imploraba: “No dejes el contrato fijo, no dejes el contrato fijo” y yo le decía: “Pero mamá, si es en el último turno del Vips desatascando de espaguetis y de trozos de pan mojado el desagüe del fregadero, que más que fregadero parece una piscina de grande que es, que me tengo que poner katiuskas y meterme dentro, hombre! ¡Y además, mi encargado me tiene manía y me putea como un sádico! Y ella, como sorda: “No dejes el contrato fijo, no dejes el contrato fijo, que eso de lo monólogos sabe dios, eso es como de drogadictos, ¿no?”.
Pero ya ven, amigos, aquí está mi madre. Cuando le sales del útero a alguien, ese alguien hace por ti sacrificios indecibles, como perderse la reposición de El Comisario, que a ella le vuelve loca Tito Valverde, así, con su traje puesto y su cara de intensidad frente a los malhechores.
Pues aviso: ha venido dispuesta a reírse como una desequilibrada y a liarse a escobazos con el primero que ponga cara de orto cuando yo diga un chiste, o con el que aplauda con tibieza... ¿Saben esos aplausos que son como de flojos? Ves a uno a tu lado que se abrasa las manos como un tarado y tú piensas: “Bueno, por lo que aplaude éste de más, aplaudo yo de menos”.
Sepan que mi madre los vigila y como ha traído un tupper con croquetas y otro con leche frita, al que vea flojito de ganas... ¡se queda sin cenar!
Así que a reírse aquí todo cristo, porque yo, en su situación me desencajaría todita y hasta fingiría que se me escapa el pis y todo. Yo soy muy bondadosa. Empatizo, eso es lo que me pasa. Fíjense si empatizo que cuando Matías Prats se trabuca, cosa más rara que que las folclóricas canten bien el playback, pero que ha sucedido, el caso es que yo me pongo mala-malita de apuro, me tapo los oídos y empiezo a gritar: BLA BLA BLA, RA RA RA, así como una loca, para no oírlo, con lo fácil que sería cambiar de canal, también es verdad.
Pues no, yo sufro, soy así, y cuando pasa el bochorno, mi madre me dice: “Hay que ser tonto, pero tonto con dedicación, para que sufras por un tío al que le imprimen la nómina en papel continuo para que le quepa el “Importe líquido a percibir”, idiota, que eres idiota”.
Y tiene toda la razón. Pero es que yo tengo mi corazoncito. ¿Hay alguien aquí que no lo tenga? ¡¡Que levante la mano!! ¿Nadie? Pues a reírse a carcajadas, pero de esas de verdad, de las que te salen de la tripa, no como esa risita nerviosa que te da cuando tu abuela se bebe un pacharán en una boda, que no sabe ni lo que está bebiendo, y se pone a contar que si ella y su marido, o sea, TU ABUELO ya difunto, que si a la hora de la siesta tal o cual y tú te pones malo, porque de toda la vida los abuelos y los padres son de cintura para abajo como las muñecas de antes, ni huchita ni pilila, planos planos planos... Así que ella se lía a contar guarradas y tú sonríes como queriendo decir que le ha hecho reacción la copa con el sintrón...
Así que hala, a reírse todo el mundo, ¿qué digo a reírse? ¡A descojonarse, a despipotarse! ¡Venga hombre, que soy un carrusel de cascabeles!
Y mira que es sano, porque, ¿cómo son esas risas buenas-buenas que se te afloja la tripa y se te escapa hasta un gas? Y tú, con el jaleo de la carcajada, dices: “Aquí no se ha dado cuenta ni Perry Mason”, pero ayyyyyyyyy como sea un pedete cabrón... ahí ya no te libras y por mucha risa y mucho buen rollo, la gente empieza a poner caras raras y notas cómo las fosas nasales, una cosa que no se mueve en la puta vida, empiezan como a activarse ¿no? y entonces asumes que ya se han pispado, tú te pones rojo y queda claro-clarinete que el guarrete has sido tú.
¿Cómo va el monólogo? No sé yo... hablar de pedos y de que tu abuela se pone un poco puti en cuanto se toma una cerveza con gaseosa... ¿es un rollo la gorda de “Escenas de matrimonio”, no? Jo, yo había pensado en algo más sutil, más intelectual, así como humor absurdo, inteligente... yo, que quería ser heredera de los Monty Python, de Faemino y Cansado, madre mía, qué asco de debut, con lo a gustito que estaría yo ahora mismo quitando del fregadero los restos de una ensalada Texas o los de un sándwich People, con su deliciosa salsa agridulce inspirada en los colores del mediterráneo y con esa irresistible capa de queso que parece pegamento de barra...
En fin, que no debí abandonar el contrato fijo. Ahora mi madre me va a poner la cabeza como una tamborrada aragonesa y voy a tener que darle la razón. Y cómo jode, ¿eh? Que es que te imaginas por adelantado el momento ese del “Te lo dije, te lo dije, te lo dije” y prefiero que me metan varillas de bambú debajo de las uñas, pero previamente mojadas en sal, que es mucho más doloroso.
Todo menos aceptar el fracaso. Ríanse, almas de cántaro, que ahora ustedes se van, siguen con sus vidas y me dejan a mí enganchado a mi madre y al prozac y, a juzgar cómo está Lucía Etxebarria, eso debe ser malísimo.
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